martes, 14 de junio de 2011

Las sirenas y las monstruas del estrecho de Messina

Los fotos que expongo hoy las disparé el 30 de mayo de 2011, en la punta del Faro, en el cabo Peloro, que es una de las tres puntas del triángulo que forma Sicilia, la que está al noreste de la isla, frente a Calabria, en el barrio de Torre del Faro del municipio de Messina.




Hay ferrys durante las 24 horas del día que salvan ese estrecho de tres kilómetros que separa la península Itálica de Sicilia, y los mares Tirreno y Jónico. Pero se ha reactivado la idea de hacer un puente, que costaría unos seis mil millones de euros. No todo va a ser ahorrar para reactivar la economía.


Tendría una longitud de 3.690 metros, 60 metros de anchura, 10 carriles de circulación para coches, camiones, autobuses y trenes y se prevé que soporte un tráfico de seis mil vehículos cada hora y 300 trenes al día. Estaría sustentado por dos torres más altas que la Eiffel de París, de 383 metros. El vano central entre ellas salvaría una luz de 3,3 kilómetros y sería el puente en suspensión más largo del mundo.




Nosotros pasamos el Picasso, con el que llegamos desde Roma y Nápoles, en un barco.




El tráfico marítimo del estrecho de Messina es intenso.




Torre del Faro, el barrio o pueblecito del cabo Peloro, es pequeño y tranquilo.





Calabria, enfrente, muestra poblaciones mayores. Aquí vemos la roca en la que los dioses, según dicen, convirtieron a la hermosa y terrible monstrua marina Escila.




El Capo Peloro era el territorio de otra monstrua, Caribdis, que significa en griego antiguo la succionadora. La suponemos también con torso de mujer y cola de pez. Hija de Poseidón y Gea, no hay que hacerse ilusiones sobre lo que succionaba. Se dice que tragaba enormes cantidades de agua y las devolvía al mar otras tantas veces, por lo que adoptaba la forma de remolino, y devoraba todo lo que se ponía a su alcance.






Caribdis fue antes una ninfa marina que inundó la tierra para aumentar el reino marino de su padre. Zeus la transformó en un monstruo que se instaló en la zona siciliana del Estrecho.




En la orilla calabresa había que evitar a la otra hermosa y terrible monstrua, Escila, a la que los clásicos describían como una sirena de la que partían seis perros de su cintura, con dos patas cada uno. Otras versiones la pintan con seis largos y serpentinos cuellos, con cabezas grotescas y tres apretadas filas de dientes en cada boca. Escila emitía un aullido, como el de los perros. Hay quien dice que fue transformada por los dioses en una peligrosa roca para los navegantes, aunque otros marineros supersticiosos la suponen viva y coleando entre Villa San Giovanni y Scilla, en la costa calabresa, que vemos al fondo.




Como los dos lados del Estrecho estaban al alcance de una flecha, tan cerca que los marineros que intentaban evitar a Caribdis, se acercaban demasiado a Escila, y viceversa, la expresión 'entre Escila y Caribdis' ha pasado a significar estar entre dos peligros, de forma que al alejarse de uno se cae en el otro.






Estos barcos son un auténtico peligro para los peces espada que, en estas fechas de finales de la primavera, atraviesan el Estrecho.




En el libro XII de la Odisea, Homero lleva a sus protagonistas a estas aguas. Relata que Odiseo prefirió arriesgarse con Escila, a costa de parte de su tripulación, antes que perder el barco completo con Caribdis.




Para escapar de las sirenas, cuyo canto hacía enloquecer a quien las oyera, ordenó a sus hombres taparse con cera los oídos. Pero el curioso de Odiseo quiso oirlas y mandó ser atado al mástil de su nave para no salir corriendo tras los exhuberantes senos de las monstruas marinas y cantarinas. Escaparon y llegaron a Trinacria, la isla del sol. Así llamaban a Sicilia los antiguos griegos, los que la colonizaron un puñado de siglos antes de Cristo.




La trinacria es un símbolo geométrico celta formado por una hélice de tres brazos en espiral que se unen en un punto central común, configurando una hélice. En la forma griega de las tres piernas se incluye en el escudo de la isla de Man, y con una cara central de medusa en el de Sicilia. Representa la evolución, el crecimiento, el equilibrio entre cuerpo y mente, el principio y el fin, la eterna evolución y el aprendizaje perpetuo. Otro día os la enseño.

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