sábado, 2 de julio de 2011

Nos paramos en Éboli, como Cristo


En 1945, Carlo Levi publicó una de las novelas más conocidas de la historia de la literatura italiana, Cristo se paró en Évoli. De Nápoles hacia Calabria, paramos a tomar café en Éboli y encontramos a Cristo dirigiendo el tráfico.

En el sur de Italia es muy normal encontrar altaricos por las calles, con vírgenes y santos. En Éboli te venden un Cristo de tamaño natural a pie de carretera, o un obispo, o un enano.

A Levi lo tradujo al castellano Antonio Colinas, con impresión en 1980, y en 2005 lo volvió a traducir Carlos Manzano, y su versión se tituló Cristo se detuvo en Éboli. Allí está todavía.

Éboli está aún en la región de Campania, aunque lo que Levi describe en su novela es una tierra más sureña.
Bajo el régimen de Mussolini, en los años 1935 y 36, Carlo Levi fue condenado al destierro en la región de Lucania por antifascista. Ahí tenemos a Cristo, dando indicaciones a los automovilistas.
En esa región, actualmente llamada Basilicata, vivió en el pueblo de Aliano, donde conoció la realidad de esa tierra y de sus gentes. Al regreso, tras pasar una larga temporada en Francia, Levi escribe la novela.

El propio Levi, escribe en su prefacio: “Como si de un viaje al principio de los tiempos se tratase, Cristo se paró en Éboli". El libro relata el descubrimiento de una ‘civilización’ diferente, la de los campesinos del Mezzogiorno, una civilización ajena a la historia y a la razón progresiva, una civilización de sabiduría antigua y paciente dolor".

En 1979, Francesco Rosi dirigió una película a partir de la novela de Levi, con Irene Papas de protagonista, junto a Lea Massari y Gian Mª Volonté. La foto, de archivo, es del Éboli de esa época, aunque Levi describe Aliano.

Este Éboli sí es actual, pero yo no vi esa perspectiva. Cogí la foto de la Wikipedia.
Mi Éboli más completo, con tele desde la carreera, junto al café donde paramos, es éste. En Italia hay café granito, que es un granizado, pero en ese pueblo nos improvisaron un café con hielo picado en la coctelera, porque no es habitual que lo tomen los italianos al estilo español. Delicioso.